Del budismo a una enseñanza secular del enfoque budista a la felicidad perfecta: Reiki

Reiki y budismo: dos palabras que a veces vemos asociadas. ¿Hay un enlace y, en caso afirmativo, cuál? Recordando la enseñanza budista sobre el funcionamiento de nuestra mente Hemos visto en los artículos precedentes lo que caracterizaba al budismo (o Dharma – enseñanza dada por el Buda): En su totalidad, el ser humano tiene tres aspectos: el cuerpo físico, la conciencia del espíritu y la energía vivida (o energía) Dos de los aspectos del ser humano son inmateriales: la conciencia espiritual y la energía vivida (o energía). El tercero, el cuerpo físico, es material. Esto crea una desunión en nosotros (desbalanceo). Hablamos de la dualidad de la mente para calificar la desunión interna, o separación con uno mismo, haciendo emerger en la persona el sufrimiento natural. En una palabra, nuestra mente tiene el potencial para el sufrimiento y el potencial para no sufrir (o la felicidad perfecta). ¿Qué tiene que ver esto con estas dos partes de nuestras mentes? El potencial para liberarse del sufrimiento se ve empañado por el potencial de sufrimiento. Esto último se desencadena y toma el relevo en ciertas situaciones de nuestra vida, conduciéndonos al sufrimiento psicológico. Toda nuestra vida no es más que una mezcla de incomodidad y bienestar, en relación directa con nuestro entorno, con las situaciones y las personas que nos rodean. También podemos notar que aunque a veces es posible cambiar de uno a otro en un chasquido de los dedos, es difícil para nosotros dejar ir la incomodidad cuando está allí. Y cuando el bienestar está ahí, es difícil mantenerlo a tiempo. Esta incomodidad es auto-sostenible y se desarrolla en la mente. Estos mecanismos destructivos, que son la fuente de la desunión de la mente, se expresan en diversas formas de sufrimiento, dependiendo de su intensidad. Es posible dejar de sufrir definitivamente, liberando nuestra mente, el bienestar perfecto en esencia, de estas diferentes formas de sufrimiento: como se filtra el agua sucia para encontrar agua limpia. Mientras la suciedad flote en el agua, la pureza del agua no es visible o no se puede expresar. En nuestras mentes, es lo mismo: mientras el sufrimiento esté presente, nuestras cualidades espirituales, o potencial natural de solución, inherente en la mente, son aniquiladas y no pueden ser expresadas. Tenemos que utilizar herramientas específicas para liberar eso. La meditación es una herramienta para observar la propia mente, para comprender cómo funciona, para filtrar la contaminación y detener cualquier mecanismo de sufrimiento – es uno de los primeros beneficios de la meditación. En este sentido, se dice que la meditación es un trabajo de transformación de la mente. La meditación nos permite observar que materializamos en nuestra mente manifestaciones visuales, auditivas, olfativas… que llamamos fenómenos. Estos fenómenos aparecen a través de la parte activa y receptiva de nuestra mente. En el resumen rápido, la parte activa es la parte que aparece. Ejemplo: si cierro los ojos y pienso en el sol, me viene a la mente la imagen del sol. El sol es la parte activa y el hecho de que pueda aparecer, un poco como en un fondo de pantalla, es la parte receptiva. Proyectamos nuestra mente sobre los demás, pensando que los fenómenos de nuestra mente son una realidad externa, y no viendo que estos fenómenos son la producción de nuestra propia mente. No se trata de la realidad externa o de una verdad externa, sino de nuestra realidad. Cuando soñamos, sabemos que proviene de nosotros y que los sueños son nuestra producción nacional. Cuando estamos despiertos y conversamos con los demás, no vemos que estos mismos fenómenos están ahí, y que lo que interpretamos como proveniente de los demás proviene sólo de nosotros mismos. Hay varias formas de meditación. Los más directos y rápidos en pedagogía son las meditaciones que combinan visualizaciones, mantras y moudras. Meditación per se

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